El coraje iluminó el viejo mundo con la nueva luz.

El coraje iluminó el viejo mundo con la nueva luz.
El coraje iluminó el viejo mundo con la nueva luz.

miércoles, 26 de octubre de 2011

Siempre con nosotros.


En memoria de mi Gran Amigo Ángel.


Palmeras.
Cada día es más complicado moverse por el desierto en el que se ha convertido esta sociedad. Es circular por un clima hostil, donde todos somos granos de arena desplazándonos de un sitio para otro sin fijarnos en el de al lado más que para no tropezar con él y, a ser posible, no recibir demasiados impactos indeseados.

Pero para mí llegar a casa es llegar a un oasis en medio de ese desierto, donde el solo hecho de entrar me reconforta y me aísla del duro clima exterior. Y justo enfrente de mi oasis desde hace años me agrada ver unas espléndidas palmeras, que me reconfortan con su sombra, con su dulce sonido mecidas por el viento, siempre agradable, siempre suave, siempre en su justa medida y en su justo momento. Incluso cuando no las veo, me tranquiliza saber que están ahí.

Al poco tiempo nacieron dos palmeritas, a imagen y semejanza de las que ya estaban, multiplicando su efecto de felicidad en los habitantes de este lado del oasis, y han ido creciendo con una belleza y rectitud impecables, sin duda imitando a sus mayores, fijándose en ellos y guiados por ellos. Porque cuando intentas enseñar algo, aprenden de lo que te oyen decir, aprenden más de lo que te ven hacer, pero sobre todo, aprenden de cómo eres. Y cuando alguien es bueno, de él sólo se puede aprender algo bueno.

Ahora hemos dejado de ver la parte externa de una de ellas, pero queda la otra parte, la que va desde la superficie hasta muy profundo, las raíces, lo importante, que seguirá vivo aquí para siempre. Y de esa parte se nutrirá la hermosa palmera que ahí continúa, las palmeritas que están creciendo y, por supuesto, los que vivimos o visitamos de vez en cuando este remanso de paz y tranquilidad. Y nos vamos a volcar para cuidar esas raíces y su legado todo lo que podamos y más. Porque son raíces afianzadas, duras, resistentes y muy valiosas, que seguro que también desean que nos alimentemos de ellas para que pasen a ser parte de nosotros y, de esta manera, seguir viviendo por siempre en nuestro interior. Y al hacerlo, conseguiremos ser más amables, más tranquilos, más felices. Seremos mejores personas porque estará siempre con nosotros.

Siempre con nosotros.


En memoria de un gran amigo que dejó una gran huella en nuestros corazones.

sábado, 22 de octubre de 2011

La importancia de la lectura.



    Sé que es un tema muy tratado, pero no por ello creo que se esté abordando en su justa medida. Últimamente me estoy fijando más en los correos que llegan a mi buzón, tanto personales como laborales, y también en las redacciones de algunos periodistas, y me parece que cada vez escribimos peor. Y si eso es con la escritura, de las conversaciones ya ni hablamos.

    Y creo que mucha culpa de eso lo tiene la falta de lectura. Antes se veía a mucha gente leyendo en el metro, y ahora, con los libros electrónicos, más cómodos que el papel para esas ocasiones, se sigue viendo a muchos hacerlo, pero, ¿qué ocurre si nos fijamos en su media de edad?. La mayoría de los que van leyendo superan los 30, e igual me quedo algo corto.

    La juventud de hoy, entre la que yo me encuentro de espíritu pero me temo que ya no por fecha de nacimiento, está siendo arrastrada a pasatiempos más cómodos que la lectura. Se les ve enganchados con el móvil, con la consola, los mp3, y demás aparatos tecnológicos de última generación. Y, seamos claros, eso es mucho más atractivo para ellos que un libro que ni siquiera tiene dibujos en 3D.

    El problema está en el abuso, como en casi todo. Esa afición crea adicción, y nos encontramos con chavales de 20-25 años que en su vida han leído un libro, salvo los obligatorios del colegio (si es que no se bajaron los trabajos de Internet y ni siquiera llegaron a comprárselo...). Ese colectivo, en el que por supuesto hay excepciones, no siente la más mínima atracción por esas tiendas tan raras que se llaman librerías. Y ven un libro de más de 50 páginas y les entra pánico escénico.

    Y, claro está, luego eso se refleja en su forma de escribir. No estoy reclamando que todos escribamos los informes laborales, ni mucho menos los correos más informales, como si se tratara de Hamlet o El Quijote, pero sí que al menos cumplan unos mínimos. No me refiero a erratas que todos cometemos, yo el primero, en alguna ocasión, puesto que todos somos humanos (y la “b” está tan cerca de la “v” en el teclado...). Me refiero a los estilos de redacciones enteras.

    Se nota la clara influencia de los SMS en los textos, eso de comerse letras para ahorrarse pulsos de las teclas, pero el problema va más allá. Abundan las faltas de ortografía, no ya las de palabras extrañas, sino de algunas de uso común: las “h” del verbo haber en los pretéritos perfectos (“a cantado”), las “b” y las “v”, las “d” de los participios pasados (“cantao”, “bailao”), los “pa que”, “pa cuando”, etc.

    Peor aún es el uso de los signos de puntuación. Parece que todo el mundo quiere imitar a Saramago (recuerdo lo que disfruté con su “Ensayo sobre la ceguera”, pero lo que me costó al principio coger su peculiar estilo), pero Saramago sólo hay uno. Hay párrafos de varias líneas en los que no aparece ni una coma, y, o tienes la capacidad pulmonar de un maratoniano, o puedes morir en el intento si lo lees del tirón. Y, además de esta función, una buena puntuación ayuda bastante a entender lo que se quiere decir, y evita leerse varias veces la misma frase para comprender lo que quieren decirnos.

    De acentos, mejor no hablamos, ¿verdad?. Esos, total, “como nadie los pone....”.

    Así que llega un punto en el que somos más permisivos con otros males como el “Haber” y el “A ver”, el “en base a”, “a nivel de”, “andé” y demás.

    Y sorprende más encontrarse muchos de estos errores en textos profesionales, cuando ya todas las herramientas incorporan de serie un corrector ortográfico. Y también en los medios de comunicación, que tanto influyen en la cultura popular, no ya sólo ortográficos. Por ejemplo, ¿nadie puede decirle a los periodistas que la magnitud de los terremotos no se miden en grados?. Un terremoto es de magnitud 6 ó 7 en la escala de Richter, pero no de 6 ó 7 “grados” en esa escala. Y no es “coeficiente intelectual” sino “cociente intelectual”. Los contertulios de los programas del hígado, perdón, del corazón, merecerían una entrada entera sólo para ellos, así que mejor los obviamos.

    Creo que es labor de los educadores, maestros y, sobre todo, padres, fomentar ese “vicio” desde pequeñitos, por el bien de nuestra lengua. Está demostrado que si obligas a los niños a leer, puedes conseguir el efecto contrario al deseado, pero si un niño ve leer a sus padres, lo más seguro es que salga también lector. Aunque sólo sea por efecto imitación que les llevará a descubrir el placer de un buen libro.

    Por mi parte, seguiré leyendo para intentar mejorar y corregir todos los defectos que sé que tengo. Por intentarlo, que no quede. E intentaré seguir escribiendo, porque además eso te evade de los problemas que estresan tu mente y, por un instante, te hacen desconectar de ellos. Es recomendable como terapia.

    Y ya puestos, agradecería cualquier comentario que me ayudara a corregirme. Reconocer que estaba equivocado, es reconocer que hoy se sabe un poco más que ayer.

   De cualquier libro, por malo que sea, se aprende algo. Por eso, en cualquier caso, no hay que olvidar la importancia de la lectura.

domingo, 9 de octubre de 2011

Lanzarote

Lanzarote.
    Lanzarote es la isla del archipiélago canario que se encuentra más al noroeste. Disfruta, como el resto del archipiélago, de un clima subtropical que hace las delicias de todos sus habitantes y de la gran cantidad de turistas que la visitan cada año. Está situada a unos 140 kilómetros de la costa africana y a unos 1.000 kilómetros del sur de la Península Ibérica. Tiene una superficie de algo más de 845 kilómetros cuadrados y unos 142.000 habitantes permanentes. Al sur se encuentra la isla de Fuerteventura, y al noroeste, el islote de La Graciosa.
    Para hacernos una idea de la belleza y riqueza natural y paisajística de la isla, baste decir que más del 40% de su superficie se encuentra bajo protección europea, estatal o autonómica.
    El clima en Lanzarote.

Timanfaya.
    Cualquier época es buena para visitar la isla, si bien en los meses centrales del verano, julio y agosto, pueden darse días de calor extremo si coincide con la llegada de viento africano. La temperatura media permite disfrutar de sus playas prácticamente todos los días del año. Hay que irse a la meseta central de la isla, a unos 200 ó 300 metros sobre el nivel del mar, para algún día del año con temperaturas inferiores a los 10 grados centígrados. Las precipitaciones son muy excasas, estando la media de la isla en unos 200 mm anuales, y concentrándose en los meses de invierno. Es raro ver llover entre mayo y octubre, aunque sí es posible ver días bastante nubosos sobre todo en la parte norte de la isla. Esta escasez de lluvia es la causante del paisaje árido dominante por casi toda la isal.


Tarifa parking aeropuerto Lanzarote.

    Cómo llegar a Lanzarote.
    La principal vía de entrada a la isla es el aeropuerto, situado entre su capital, Arrecife, y una de las zonas más turísticas, Puerto del Carmen.
    También se puede acceder en barco desde la cercana isla de Fuerteventura.
    Qué ver en Lanzarote.
    La isla tiene multitud de lugares dignos de ser visitados. Muchos de ellos, tienen la huella del genial pintor, escultor y arquitecto César Manrique, fallecido en accidente de tráfico en septiembre de 1992. Entre todos estos lugares, cabría destacar los siguientes:
  • Arrecife.
    Está situada al este de la isla y es su capital. Es una población relativamente pequeña por la que merece la pena pasear por su núcleo central. Tiene dos pequeños castillos, el de San Gabriel y el de San José, y la iglesia de San Ginés.

  • Parque Nacional del Timanfaya. 

Parque Nacional Timanfaya.

Vista desde el autocar en Timanfaya.
    Es el principal atractivo de la isla, junto con sus playas. Parque Nacional del Timanfaya es el nombre que tienen ahora las Montañas del Fuego, un impresionante paisaje volcánico formado tras las erupciones producidas entre 1730 y 1736. Está situado al oeste de la isla y se llega a él por carretera hasta un aparcamiento a partir del cual no se puede seguir más que en una guagua (autocar) del Parque.
   
Carretera en Timanfaya.
    Durante todo el recorrido se permanece en el interior del vehículo, oyendo una grabación en la que se explica el origen del aspecto actual de la zona y se realizan varias paradas para contemplar mejor el paisaje. Conviene ir temprano, sobre todo en verano, para evitar las colas y el calor. La entrada al parque costaba, en 2011, 8 euros a los adultos y 4 a los niños.


Parrilla del restaurante.
Volcán en Timanfaya.
    Ya al final de la carretera, junto al aparcamiento en el que se esperan las guaguas, hay una tienda de recuerdos y un restaurante con la firma de César Manrique. Por un precio no demasiado alto, se puede comer buena carne de ternera o de pollo cocinada con el calor que emana del volcán. Se pueden ver las parrillas con la carne puestas sobre la abertura y como se van tostando poco a poco, además de sentir en nuestro propio cuerpo ese calor que sale del interior de la tierra. Comerse después esa delicia junto al ventanal que da al parque, no tiene precio.

Parrilla del restaurante.
     Hay dos filas de mesas, y una de ellas no está junto al ventanal. Como suele haber cola para sentarse, los camareros van sentando según se van quedando las mesas libres. Mi recomendación es preguntar antes de ocupar la mesa si ésta está junto a la ventana y, si no es así, esperar un poco más a que quede alguna libre, dejando pasar a alguien de los que están detrás en la cola. Merecerá la pena la espera, porque se compensará con creces con las vistas.


Géiser.

Agujero al volcán.
    En la explanada que hay delante del restaurante, los trabajadores del parque hacen exhibiciones para que los turistas se hagan una idea de la temperatura existente a escasos metros (e incluso centímetros) de profundidad. En una de ellas, introducen hierba seca en una abertura, y tarda pocos segundos en comenzar a arder. En la otra, mucho más espectacular, echan un cubo de agua en unos tubos que se introducen en la tierra. En menos de 5 segundos, sale disparada convertida en vapor. Es imprescindible situarse detrás de la línea que ellos marcan como zona segura, y no acercarse en ningún momento si no queremos salir “caldeados” .

Filas de dromedarios.
Dromedarios en Lanzarote.

Dromedario.

Dromedario.
     En la carretera de acceso, unos 2 ó 3 kilómetros antes de la barrera de acceso al parque, hay una gran explanada con otra de las grandes atracciones de la isla: los camellos o, para ser más exactos, los dromedarios.

    Están adiestrados para llevar a los turistas una y otra vez a lo largo del día sin el menor problema. En cada uno de ellos pueden montar dos personas, uno a cada lado de su joroba, en silla cómodas para el paseo, que tampoco es muy largo. Si en el grupo no sois pares, os tocará hacer el viaje con otra persona, porque no puede ir descompensado. Para nosotros estuvo bien, porque nos tocó una persona muy agradable.

    Suben por la ladera, todos en fila en grupos de 20 a 30, alcanzando un punto elevado desde donde se divida el valle y el paisaje volcánico, y regresan al mismo sitio de salida. Además de los animales, se puede visitar una pequeña exposición acerca de los volcanes y la zona. También hay una cafetería y servicios públicos.

  • Parque Natural de Los Volcanes. Los Hervideros. El Charco Verde o de los Clicos. 
Cartel de Los Hervideros.

    Se encuentra al suroeste de la isla, por lo que es una buena opción acercarse si se sale con tiempo el mismo día de la visita al Parque Nacional de Timanfaya. En Los Hervideros se puede contemplar el efecto producido por el mar chocando durante millones de años sobre la roca, bajando por unas escaleras creadas para disfrutar al máximo del lugar.


Los Hervideros.
Los Hervideros.
  
Charco Verde.
Barcas en El Golfo.
 
Parking Charco Verde.

    Más adelante, junto al municipio de El Golfo, se encuentra junto al mar El Charco Verde, llamado así por el color de sus aguas, debido a los microorganismos que habitan en ellas. Se puede llegar en coche hasta unos 500 metros, por uno u otro lado. Desde la zona del pueblo, se llega por un camino fácil de hacer y que termina en un mirador desde donde se ve la charca y el mar desde arriba. Se puede bajar a la playa, pero el camino ya es bastante empinado. Desde el otro lado, se baja por una camino más ancho pero con más pendiente.

Pueblo de El Golfo.

Restaurante en El Golfo.
     Si se quiere descansar de la jornada, nada mejor que acercarse al tranquilo pueblo y comer, cenar, o simplemente tomarse un café o un helado en alguno de los restaurantes que están junto al mar. Eso sí, más vale relajarse, olvidarse de las prisas y disfrutar el momento.

    Entre un lugar y otro, merece la pena detenerse para contemplar las Salinas de Janubio. Si el día está claro, el sol incide sobre los estanques y se pueden ver los distintos colores que produce.

  • Fundación César Manrique.
     Es el gran centro cultural de la isla, imprescindible para conocer la obra y la figura del genial artista lanzaroteño.
  • Mirador del río.
     Desde este mirador construido por César Manrique se puede disfrutar de la mejor vista de la isla de La Graciosa y el resto del Archipiélago Chinijo, a casi 500 metros de altura.
  • La Geria.
    Es uno de los paisajes agrarios más característicos de la isla, constituido por multitud de hoyos realizados sobre la tierra volcánica y en cuyo centro crecen las viñas que dan el vino de la zona.
  • Cueva de los Verde y Jameos del Agua.
     Esta cueva, situada al norte de la isla, en el municipio de Haria, forma parte de un conjunto de tubos subterráneos denominados “jameos” de unos 6 kilómetros de longitud, lo que les convierte en unos de los tubos volcánicos más grandes del mundo. Merece la pena visitarla y ver la vegetación existente y su gran atracción, además de la propia belleza natural de la cueva: los pequeños cangrejos blancos que viven en las charcas interiores. En primavera, se celebran conciertos en su auditorio.
La Graciosa.
    Un excursión que nadie debería perderse bajo ningún concepto es la de cruzar a este islote, desde el puerto de Orzola, situado al norte de la isla. Una vez en Orzola, por 20 euros los adultos y 11 los niños, puedes comprar un billete en línea regular de ida y vuelta, teniendo ésta abierta, lo que no te obliga a regresar en el día.
   
    Hay mucha más información en la entrada de nuestro viaje a La Graciosa.



    Las playas de Lanzarote.

    A lo largo de toda la isla se pueden encontrar muchas playas ideales para el baño y para hacer surf gracias al viento que sopla en la isla. Quizá las más famosas para el baño (y turísticas) sean las del sur y las del este.

Playa Blanca.

    Al norte de Arrecife, está la playa de Costa Teguise, quizá la menos explotada de las turísticas. Más hacia el sur, se encuentran Playa Honda, Playa Grande y Puerto del Carmen, todas ellas con gran tradición y experiencia turística. Al tener cerca el aeropuerto, los aviones sobrevuelan estas playas a muy baja altura, pero no molestan al no haber muchos vuelos al día.


Playa Blanca.

    Al sur de la isla, se encuentra Playa Blanca, también dotada de una amplia oferta hotelera y, por tanto, gran afluencia de gente. Tiene unas playas bastante grandes y protegidas por rompeolas, lo que las hace ideales para bañarse con niños pequeños.

Playa Blanca.

   Al ser una zona tan turística, dispone de todos los servicios, como tumbonas, sombrillas, duchas y un gran paseo con multitud de tiendas de todo tipo y muchos bares y restaurantes pegados al mar.

Mercadillo en Lanzarote.


   Un día a la semana, normalmente los sábados, se monta un mercadillo en las inmediaciones del puerto deportivo que se encuentra en el extremo Este de la zona de playa. Lo mejor, para evitar problemas de tráfico y aparcamiento, es acercarse caminando por el paseo paralelo al mar, disfrutando del paisaje. En días despejados, se puede ver Fuerteventura a simple vista sin ningún problema.

Fuerteventura desde Lanzarote.


   La zona es bastante nueva y está muy bien cuidada. Además de los puestos del mercadillo, con todo tipo de artesanía de la zona, recuerdos, camisetas o artículos del más diverso tipo, hay restaurantes para todos los bolsillos y tiendas abiertas durante toda la semana.

    Mi recomendación es salirse un poco de los destinos turísticos y buscar playas menos concurridas, como la de El Golfo, al suroeste, o Famara, al noroeste. El problema de esta última para el baño o tomar el sol suele ser el viento, pero al mismo tiempo eso la hace ideal para el surf.

Playa del Papagayo.
    Las mejores playas de Lanzarote, en mi opinión, son las Playas de Papagayo, cercanas a Playa Blanca, pero más al este. Se encuentran en un Espacio Natural Protegido, y hay que pagar para acceder en coche. Se llega por una pista de tierra en bastante buen estado, y al lado de cada una de las playas en las que se divide, hay un aparcamiento, aunque el acceso final es, en algunos casos, algo complicado si no se tiene buena movilidad, por lo empinado de los accesos y lo resbaladizo del firme, de arena y piedras sueltas.



Playa Mujeres.

Playa Mujeres.
    En realidad, las playas de Papagayo son 8 playas más pequeñas muy juntas entre sí. La primera que nos encontramos, es Playa Mujeres. Se puede dejar el coche en un parking que está casi a pie de playa, y el acceso a ella es apto para todo el mundo, lo que la convierte en la más “familiar” de todas, ya que los niños llegan andando sin problemas. Es una playa bastante grande, a la que también llega gente andando desde Playa Blanca, pero es un paseo respetable.

 
Playa Mujeres.
Playa Mujeres.


Acceso a playa nudista.

    Al final de la playa, a la izquierda mirando al mar, hay una piedras que se meten en el mar y al otro lado una pequeña cala donde se puede practicar el nudismo con mayor intimidad, aunque también hay gente que lo practica a este lado de las rocas. Si se llega temprano, se puede coger una zona en una pequeña cueva que disfruta de la sombra de las rocas que la rodean, lo cual es de agradecer en los días de verano, porque el sol calienta bastante en esta zona. Es recomendable cruzar la zona de rocas con zapatillas y observando las olas, porque rompen contra ellas y es fácil resbalar.


Playa de la Cera.
Kiosko Playa Papagayo.
    Si no hemos tomado el desvío a Playa Mujeres, el camino nos llevará hacia el este hasta otro que tiene a la izquierda las playas de Puerto Muelas y Caleta del Congrio.En el aparcamiento hay una zona de camping que suele estar llena de autocaravanas. Si optamos por girar a la derecha, llegaremos a las playas de la Cruz o del Pozo, la playa de la Cera y la famosa playa del Papagayo. Desde el parking, que suele estar bastante lleno, tenemos un paseo hasta un bar restaurante, y desde él, podemos bajar a la izquierda a Playa Papagayo y a la izquierda a las otras dos. El descenso no es sencillo, por lo que conviene ir bien calzado y bajar con cuidado. Sin duda, el esfuerzo merecerá la pena, porque las playas tienen muy bien ganada su fama de belleza, aunque lo de tranquilidad hace tiempo que se perdió, sobre todo en los meses de verano. Aún así, no suelen estar abarrotadas.
Acceso a Playa de la Cera.
    Se puede ir andando hacia el oeste y se pasará por el Caletón de San Marcial, el Caletón del Cobre , de nuevo, Playa Mujeres.
    En cualquiera de ellas es habitual ver gente practicando el nudismo junto con gente con bañador sin problemas de convivencia de ningún tipo.

    En el plano de la imagen, obtenido de la página del Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino, se puede ver la localización de cada una de las playas y las distancias que las separan.
Mapa de las Playas de Papagayo.

    Yaiza.

Los Ajaches.

    Buena parte de los lugares destacados anteriormente se encuentran en el municipio de Yaiza.Está formado por los pueblos de Yaiza, Playa Blanca, Uga, Las Breñas, Femés, La Hoya, Las Casitas, El Golfo, La Degoyada, Playa Quemada y Maciot, lo cual quiere decir que el Parque Nacional del Timanfaya, las Playas del Papagayo, las Salinas de Janubio o el Charco Verde, entre otros espacios naturales, están dentro de él.


Parque Natural de los Ajaches.

    Además de éstos, cuenta con otros espacios naturales de gran importancia, como el Monumento Natural de los Ajaches, una zona con un paisaje volcánico que bien merece una visita, y dentro del cuál se encuentran las Playas del Papagayo. Un barrera, con su correspondiente peaje para los automóviles, te marca la entrada al Parque.

    El precio es más simbólico que recaudatorio: 3 euros por vehículo.
Yaiza.
    Merece también la pena visitar su capital, el pueblo de Yaiza, para ver las construcciones características de la zona, sus casas bajas y encaladas con sus ventanas y puertas en verde o azul y sus escasos cultivos en tierra volcánica protegidos del viento.


    El nombre coincide con el título de un libro de Alberto Vázquez Figueroa, segunda entrega de la saga de los Perdomo, familia oriunda de Lanzarote.

    Cómo moverse por la isla.

    Lo más práctico es alquilar un coche para desplazarse por la isla. Para nosotros, la mejor compañía por precio, calidad y atención es CICAR, una agencia local que además da servicio en las siete islas principales. En la última visita, junio de 2011, nos sorprendieron con un CD con información de todos los lugares de interés, complementado con un mapa para localizarlos. Según nos dijeron, piensan extenderlo al resto de las islas del archipiélago. Siempre reservamos con ellos cuando viajamos a las Islas Canarias y nunca hemos tenido problemas con ellos.

    Existe transporte público, pero no suele ser rápido ni llega a todos los puntos de la isla, aunque es útil para desplazarse entre los distintos núcleos urbanos. También hay un autobús que une el aeropuerto con el puerto de Orzola, al norte de la isla, desde donde parten los barcos que cruzan a La Graciosa. Desde el puerto de Playa Blanca, situado al sur, se cruza al puerto de Corralejo, en Fuerteventura. Entre una isla y otra, se encuentra la Isla de Lobos.

    Otra opción para moverse son los taxis, a precios no demasiado caros, ya que la gasolina es más barata por la condición de zona ultraperiférica del archipiélago, lo que la permite disfrutar de un trato fiscal especial.
    Dónde alojarse.
    Si lo que se busca es zona de playa, existen varias opciones de poblaciones orientadas al turismo. Las principales son, de sur a norte, Playa Blanca, Puerto del Carmen y Costa Teguise. Hacia el interior, también es posible encontrar casas rurales, como las de Fincas La Crucita. Nosotros contactamos con ellos para alojarnos en La Graciosa y el trato fue estupendo.

    La amplia oferta hotelera de la isla la convierte en un lugar de vacaciones muy interesante si se dispone de flexibilidad en las fechas. Excepto en los meses de verano, se pueden encontrar ofertas muy baratas aún reservando a última hora. Es recomendable elegir primero la zona y luego tres o cuatro hoteles que nos gusten. A partir de ahí, ya consiste en tener paciencia y entrar todos los días hasta que uno de ellos nos ofrezca una oferta que nos convenza y reservarla antes de que se nos adelanten.

    Quizá debido a la crisis de los últimos años, que también afecta al turismo de la isla, nos comentaron que suele ser normal viajar con media pensión o pensión completa, lo que ha provocado que los restaurantes cercanos a los hoteles no se encuentren llenos y además tengan precios muy competitivos. Una buena opción es viajar con media pensión o sólo desayuno y conocer alguno de los muchos restaurantes situados con vistas al siempre espectacular mar que baña las playas y costas de Lanzarote.



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domingo, 2 de octubre de 2011

Cuestión de educación.

Familia de India.
    Hay muchas actitudes que se aprenden siendo niño y no se olvidan nunca. La mayoría de ellas se extraen, sin ni siquiera saberlo, del entorno, de la familia, de la sociedad. Nuestros hijos aprenden de lo que les decimos, aprenden más de lo que hacemos y, sobre todo, aprenden de lo que somos. De nada sirve decirle al niño que no tire el papel al suelo si constantemente ve a su alrededor adultos tirarlos sin reparos.

    Quien haya viajado un poco fuera de las fronteras del país que le vio nacer se habrá dado cuanta de cuán diferentes somos. Pondré tres ejemplos vividos en primera persona.

    El primero de ellos lo vi en Noruega. Cuando circulábamos por el interior del país, me sorprendió ver pequeñas mesas con cestas llenas de fresas. Tenían escrito el precio en un cartón y nadie las vigilaba, estando las casas más cercanas lo suficientemente alejadas como para no poder hacer nada si el que detenía su coche junto al puesto se marchaba sin pagar. Pues aunque para un ciudadano de cultura mediterránea sea difícil de entender, allí estaban no sólo las fresas, sino la cajita con el dinero depositado por otros que pasaron por allí antes que yo, cogieron sus fresas y pagaron éticamente.

    El segundo fue a las afueras de Amsterdam. Desde la ventanilla del autobús que nos llevó a Voldam, pude ver casas preciosas con su jardín perfectamente cuidado, sus mesas y sillas de madera, su plantas y demás mobiliario y sus vallas que lo rodeaban de … ¡¡ unos 40 ó 50 centímetros de altura !!. Y allí estaban. ¿Alguien se imagina cuánto duraría todo eso en cualquiera de las urbanizaciones de las afueras de, por ejemplo, Madrid?.

    Y el tercero, y sin duda el que más me ha marcado, lo viví en India, en la región del Rajastan. Alquilamos un coche con conductor y eso tiene la ventaja de poder parar cuándo y dónde te apetezca. Vimos una familia trabajando en el campo, la familia de la foto que ilustra esta entrada, y le pedí parar porque tenía curiosidad por ver que llevaban para comer en unos curiosos recipientes parecidos a los termos que utilizamos en España para mantener la comida fría o caliente. Estaban los padres y dos niños. El conductor nos servía de intérprete y nos dijeron que trabajaban casi de sol a sol. Les pedimos por favor si nos podían enseñar que llevaban en ese recipiente y nos enseñaron su comida para todo el día. Eran unas pocas legumbres y unas chapatis, una especie de tortas de pan muy finas muy comunes por toda aquella zona. Nos sorprendió mucho ver lo poco que tenían para pasar el día bajo un sol inclemente y una humedad altísima que hacía mucho más penoso su trabajo. Pero aún más nos sorprendió lo que ocurrió después. Tras darles las gracias por su explicación y despedirnos, nos dirigimos al coche y oímos que nos llamaban y dijeron algo que, lógicamente, no entendimos. Cuando nos lo tradujo el conductor, nos quedamos de piedra. Estaban sorprendidos porque pensaban que nos íbamos a quedar con ellos, y estaban dispuestos a compartir lo poquísimo que tenían (a ojos de un occidental), con nosotros. En su cultura, la hospitalidad está por encima de todo. Incluso por encima del hambre.

    Todas estas actitudes estoy seguro que se graban a fuego en la infancia. Por supuesto, hay excepciones como para todo en la vida, pero si se aprendieron siendo joven, uno se las lleva consigo a la tumba. Y, de igual manera, si no se aprendieron, costará mucho más hacerlas de manera natural. Y eso es lo que preocupa y entristece al mirar la sociedad en la que vivimos. La mayoría de la gente parece crispada. Es curioso ver como mucha gente se ha olvidado de pensar por su cuenta y se limitan a colocarse en un bando y a seguir a su líder pase lo que pase y diga lo que diga. Y da igual que se trate de fútbol, política, religión o cualquier otro aspecto de la vida.

    Si se publica un comentario de algún personaje notorio en la prensa, la gente lo primero que mira es quién lo ha dicho para saber si está a favor o en contra. Lo que dijera, importa menos. Si quién lo dijo es de su lado, está de acuerdo, faltaría más. Y si lo dijo el de enfrente, no podrá estar más en desacuerdo. Por supuesto, de fútbol ni hablamos. Tiene que haber una patada que le produzca una fractura abierta de tibia y peroné al contrario para que el forofo admita que cabe cierta duda en si fue penalti o no. Aunque, por supuesto, muy claro no quedó.

    Y cada vez estoy más convencido de que todo esto se debe a que de pequeños no se les enseñó a pensar lo suficiente por su cuenta. Se sustituyen las tertulias familiares en la cena por la mirada hipnotizada al televisor. Los juegos con los amigos al enganche a la consola. Los libros por los juegos de ordenador. Los documentales educativos por las tertulias de telebasura en la que la educación brilla por su ausencia y gana el que más grita. Es el triunfo de la mala educación que se traslada al resto de la vida. Tristemente, en cualquier reunión mal moderada, ganará el que más grite, más interrumpa y más mala educación demuestre. Al educado, no acostumbrado a eso, le hará imposible exponer sus ideas interrumpiéndole constantemente, y el resto de la audiencia, no se atreverá a opinar por miedo a ser el nuevo objetivo del violento. Y eso sí, nunca discutas con una persona de mala educación, porque te hará descender a su nivel y ahí te ganará por experiencia. Eso supongo que todos lo hemos vivido alguna vez. Desgraciadamente, vivimos en una sociedad en la que tu vecino te dice sin ninguna vergüenza que cobra parte de su sueldo “en negro” o que él siempre que puede no pide factura y se ahorra impuestos. Hace tiempo me dijeron que el español es el único que si le cobran de menos en la comida, no sólo no dice nada sino que encima al día siguiente presume de ello en el trabajo. El problema es que todo lo que esa gente deja de pagar, lo tienen que pagar los “educados”.

    Por eso se tendría que dar mucho más valor a la educación en valores en la infancia. Y no sólo en el colegio, sino también en cada casa, en cada familia o en los medios de comunicación. En definitiva, en toda la sociedad.
   
    Apaguemos la televisión. Volvamos a charlar en familia y a preguntarnos cómo nos fue el día. Volvamos a salir al campo e incitémosles a inventarse sus propios juegos. Volvamos a disfrutar con la lectura de un buen libro y ellos nos imitarán. Porque cómo sean en el futuro nuestros jóvenes dependerá de lo que hayan aprendido en su niñez. Y cuando veamos lo que cuesta dar esa buena educación a nuestros hijos, nos daremos cuenta de la deuda que tenemos pendiente con nuestros padres.

    Cuestión de educación.

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    Otras reflexiones:

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Museo Siida.


   Museo Siida.
Museo Siida.

   Está situado en Inari, al norte de Finlandia. En él se puede ver la forma de vida del pueblo Saami y parte de su cultura e historia. Actualmente, está compuesto por unas 82.000 personas, que habitan una región que se comprende parte de Noruega, Suecia, Finlandia y el noroeste de Rusia. Conviene saber que ya prácticamente no se usa la palabra Lapp para hablar de ellos, de donde deriva la española Lapón o Lapones, porque se considera un término peyorativo que también significa ropa de mendigo, “inculto”, “tonto” o periférico. Tanto en escritos oficiales como en los medios de comunicación, utilizan el término Sami o Saami.

Plano museo Saami.

Aves del Ártico.

    Se divide en varios ambientes diferenciados: tiene una zona con exposiciones temporales de pintura o fotografía, otra con exposiciones permanentes en la que se puede ver todo lo relacionado con la vida Sami, y un museo al aire libre con múltiples construcciones en muy buen estado.
   
Canoa de pescadores.

Pueblos del Ártico.

   En la parte principal del museo, nos explican a través, de mapas, fotografiás y objetos, la evolución del pueblo Sami a lo largo de los años. Podremos ver las zonas en la que se han asentado y en la que aún permanecen, cuántos miembros componen su comunidad y como era y es su forma de vida. Con todo ello nos podemos hacer una idea de cómo se han adaptado perfectamente al duro entorno en el que viven, marcado por el clima extremo de estas latitudes.

Cuna Saami.

Canoa.

Trineo para niños.

Cabañas.
   El museo al aire libre está abierto solo en verano. En él se puede aprender cómo cazaban o pescaban, cómo almacenaban los víveres y ver e incluso entrar en parte de sus edificios, cabañas de madera perfectamente conservadas. Fueron trasladadas aquí en 1960, y permite hacerse una idea de cómo vivían en el siglo XIX. Es un paseo de poco menos de un kilómetros en los que hay unas 50 construcciones: hogares, construcciones de almacenaje y trampas para cazar. Si bajamos hasta el río que discurre por esta zona del museo, también se puede ver parte de lo utilizado en la búsqueda de oro, práctica ahora ya abandonada. Entre los edificios destaca la Mirham Hut, un juzgado que fue trasladado desde el límite de Inari y Kittila. Fue usado para celebrar juicios hasta 1905, y sus paredes están llenas de nombres marcados por aquellos que permanecieron en su interior esperando la decisión de los jueces. En su exterior, se puede ver la viga en la que ataban a los condenados a recibir castigos en forma de latigazos.

   Al margen de museo y las salas de exposiciones, hay una sala de proyecciones en la que se exhibe un documental sobre las auroras boreales, de 12 minutos de duración. En invierno hay dos pases diarios, y tres en verano. Conviene preguntar los horarios al comprar los tickets e ir un poco antes de que empiece para coger sitio sentado, ya que suele llenarse. Esta proyección está incluida en el precio de la entrada.

   Si la visita se nos hace muy larga, en la planta superior, donde se encuentra la exposición permanente y da acceso al museo al aire libre, hay una cafetería-restaurante, donde se puede comer un menú del día muy bien de precio o tomar un café y descansar un rato sentado en una de sus mesas. También disponen de carta por si se quiere algo más elaborado.

   Por último, no podía faltar, como en cualquier museo, la tienda, en la que hay reproducciones de los objetos del museo, planos con diversas rutas para hacer senderismo por los alrededores y productos típicos de la zona, construidos en madera o cuero.

   Precio de la entrada al museo Siida.

   El precio en 2011 es de 9 euros para adultos, 5 si se tienen entre 7 y 17 años y gratis para los niños entre 0 y 6. Los estudiantes y jubilados tienen un precio especial de 7 euros, el mismo si se consigue en grupo de mínimo 10 personas. El ticket familiar, cuesta 18 euros.


   Cómo llegar.

Parking bicicletas.
   Inari se encuentra al norte de Finlandia, a unos 50 kilómetros del aeropuerto de Ivalo y a casi 100 de la frontera con Noruega. La carretera es muy buena y apenas tiene tráfico. A pesar de ello, hay que ir muy pendiente porque los renos se mueven libremente por aquí. En la entrada del museo hay un aparcamiento muy grande, tanto para coches como para bicicletas.

Cabaña almacen.



Cabaña de minero.

Cabaña para cocinar.
Cabaña para ovejas.

Cabaña para renos.


Canalización para extracción de oro.

Canoas Saamis.
Cabaña de dos habitaciones.
   
Interior de vivienda.

 

Interior de vivienda.
Interior de vivienda.


Viga de castigo.

Juzgado.



Pozo.

Tienda Saami.

Trampa para animales.

Trampa para animales.

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