El coraje iluminó el viejo mundo con la nueva luz.

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domingo, 13 de marzo de 2011

Nos faltan Generales.

Publio Cornelio Escipión, Africanus.
    A menudo se escucha a empresarios, ejecutivos, directivos y demás personas que gestionan recursos humanos, culpar de los malos resultados de su empresa o grupo a aquellos que trabajan a su cargo.

    Hace mucho tiempo vivió un General romano llamado Publio Cornelio Escipión, “Africanus”, cuya vida transcurrió siempre paralela a la de otro gran General, en este caso cartaginés, llamado Aníbal Barca. Aníbal acosó durante mucho tiempo a una Roma que temblaba solo de oír su nombre. Parecía que el final del Imperio era inminente, que sería sólo cuestión de esperar para verla caer como una fruta madura. Pero apareció un joven oficial, descendiente de generales y cónsules, que hizo cambiar la historia. Formó parte de las legiones que cayeron derrotadas ante Aníbal en la batalla de Cannae, pero se repuso del golpe y empezó a forjar su leyenda en Hispania, donde, al frente de sus legiones, y sabiendo delegar en sus mandos, entre ellos el gran Cayo Lelio, derrotó a los hermanos de Aníbal y conquistó la, para muchos, inexpugnable Cartago Nova y buena parte de la península ibérica. Añadió a sus grandes dotes militares las políticas, pactando con las tribus hispanas como forma de conseguir aliados en lugar de esclavos, demostrando que muchas batallas se ganan sin necesidad de combatir. No satisfecho con eso, propuso al Senado derrotar a Aníbal en su propia tierra, en África. Como suele ocurrir cuando alguien empieza a eclipsar a los que ostentan el poder, no contó con el apoyo político, y “sólo” le concedieron el mando de los derrotados en Cannae, la V y VI legión, las “Legiones malditas”, viejos legionarios condenados al exilio por su humillante huida ante el gran General cartaginés. Se encontró con un grupo de hombres hundidos, desentrenados, más ladrones que guerreros, sin ningún tipo de disciplina ni motivación. Pero él se encargó de devolverles su autoestima. Los entrenó físicamente, militarmente, en cuerpo pero también en alma. Cultivó sus músculos pero sin descuidar sus mentes, descubriéndoles incluso a muchos de ellos el noble arte del teatro. Y con ese grupo de hombres fue capaz de cruzar el Mediterráneo, vencer a ejércitos más numerosos, hacer regresar a Aníbal de tierras italianas e incluso de derrotarle en la histórica batalla de Zama.

   Si un hombre fue capaz de devolver a la vida a legionarios olvidados y proscritos hasta el punto de no temer una carga de elefantes al mando del gran General cartaginés, significa que no existen hombres inválidos, sino generales incompetentes.

   En el mundo nos enfrentamos a una gran crisis alimentada por diversas crisis más pequeñas: económicas, religiosas, humanas, de valores. Es fácil culpar a la tropa, pero no creo que falten brazos ni piernas dispuestas a enfrentarse a ellas con valor y disciplina. No creo que todo este potencial no pueda ser bien aprovechado y orientado en la dirección correcta. Lo que creo que falta en España, en Europa, en el Mundo entero, son Generales (con mayúscula), capaces de formarles, de motivarles, de guiarles hacia un objetivo bien determinado. Alguien capaz de explicarle a un cantero que no está picando piedra para la pared que tiene delante, sino construyendo una Catedral para el futuro. Capaces de mirar más allá de las próximas elecciones o consejo de administración. Auténticos estadistas capaces de planificar con visión de futuro y no sólo con impulsos. Las batallas se ganan con el corazón, pero las guerras se ganan con la cabeza.

   Nos faltan Generales.

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